De acuerdo con la programación institucional, el miércoles 26 de agosto se llevó a cabo la octava Asamblea Ordinaria del CES, en la que se contó con los representantes consejeros de los tres sectores productivos que integran el Consejo y el equipo de la Secretaría Técnica.

Es prioridad para el CES abordar, conocer, opinar e incidir en los temas que son de interés nacional; de ahí que en su Agenda Estratégica y en la propuesta del Plan de Reactivación Económica y Social (PRES) se haya incluido el componente sustantivo: Vulnerabilidades Socioambientales, mismo que se relaciona con otros componentes y ejes temáticos que el CES ha venido presentando en los últimos meses del presente año.

Por lo anterior, en la sesión de Asamblea se presentó por parte del Ing. Carlos Alberto Duarte, investigador, experto y analista con amplia trayectoria del Observatorio de Territorio y Clima del IARNA de la Universidad Rafael Landívar, la ponencia titulada: El Super Niño 2026-2027, toca a la puerta de Guatemala. Implicaciones meteorológicas, agroalimentarias, socioeconómicas y sanitarias, y la oportunidad de respuesta a través de las políticas públicas.

Según el Ing. Duarte y partiendo de los datos registrados, el Fenómeno del Super Niño es ya un evento establecido y en intensificación (desde el 11 de junio 2026, NOAA eleva el estado a Advertencia de El Niño), para Guatemala es escenario meteorológico es: suelos secos, reducción de caudales y menor disponibilidad hídrica general, menor recarga de acuíferos. También, canícula intensificada y prologada. Esto impactará en los ámbitos social y demográfica; económica y productiva; institucional y fiscal; territorial y ambiental; y la agricultura que será la primera línea de choque.

Las líneas de trabajo propuestas por el IARNA-URL, indicadas por el Ing. Duarte, se sitúan en: Monitoreo territorializado, acción anticipatoria, vigilancia reforzada, investigación aplicada y comunicación del riesgo.

Para finalizar la presentación, se deja la siguiente reflexión: El fenómeno es exógeno; la magnitud del desastre es endógena. El país conoce el fenómeno y conoce sus consecuencias. El «Super Niño» 2026–2027 es tanto una amenaza de primera magnitud como la oportunidad de demostrar que la información climática anticipada puede traducirse en protección de vidas y medios de vida.